Como un Niño




Hoy desperté con una sonrisa de tres dientes, sí!, esa clásica mueca, como en aquellos tiempos en el que el algodón de azúcar era el dulce néctar de la felicidad. Me acuerdo como si fuera ayer, la pibada se arremolinaba derredor de aquél hombre y de su magnífico cielo de arcoiris esponjosos, ése mortal sin rostro era el sabedor del misterio de batir el palillo milagroso en aquel tazón de aluminio ardiente acaramelado. Los gritos fervorosos al unísono, a mí!, a mí!, a mí!, era la ruidosa batalla por conquistar la posición de ser el próximo soberano de esa nube perfecta, dulce y milagrosa pieza de gloria.